¿Cuánto de tu cerebro está ocupado intentando sobrevivir?
¿Cuánto de tu cerebro está ocupado intentando sobrevivir?
Cuando las palabras comienzan a atraparnos
Serie Especial BrainLatam — SBNeC 2026
La factura vence mañana.
La comida tiene que alcanzar hasta el viernes.
El alquiler está atrasado.
Un hijo está enfermo.
El trabajo puede desaparecer.
Llegó otro mensaje del banco.
Y aun así, esa persona necesita levantarse, cuidar a sus hijos, trabajar, conducir, estudiar, decidir, sonreír, votar y planear el futuro.
La pregunta de este texto no es cuánto dinero tiene.
Es anterior:
¿Cuánto de la experiencia de ese Cuerpo-Territorio necesita permanecer movilizada simplemente para garantizar que seguirá existiendo mañana?
No existe una región cerebral llamada “supervivencia financiera”. Tampoco podemos calcular que alguien utiliza el 20%, 40% o 70% de su cerebro pensando en dinero.
“¿Cuánto de tu cerebro está ocupado intentando sobrevivir?” es una pregunta sobre el reclutamiento recurrente de atención, memoria, emoción, anticipación y toma de decisiones.
El cerebro no deja de funcionar cuando existe inseguridad material.
Al contrario.
Puede estar trabajando intensamente para resolver exactamente el problema que el ambiente le presenta.
El estrés no es necesariamente una enfermedad
El estrés forma parte de nuestra capacidad de adaptación.
Cuando algo amenaza aquello que consideramos importante, diferentes sistemas participan en la preparación del organismo:
la atención cambia;
la respiración puede cambiar;
la frecuencia cardíaca puede cambiar;
se reclutan memorias relacionadas con la situación;
se comparan alternativas;
el organismo se prepara para actuar.
Esto es útil.
El problema no es poder movilizarse frente a una amenaza.
La pregunta cambia cuando aquello que debería ser una movilización temporal se convierte en una parte recurrente de la vida:
¿Voy a poder pagar?
¿Va a faltar comida?
¿Puedo perder mi empleo?
¿Cómo voy a pagar esta deuda?
¿Qué pasa si alguien se enferma?
En ese caso, quizá no estemos frente a un individuo simplemente “estresado”.
Podemos estar frente a una ecología que exige movilización repetida para sobrevivir.
La investigación latinoamericana ya ofrece pistas importantes.
En un estudio poblacional realizado en Criciúma, Santa Catarina, con 1.683 adultos, aproximadamente el 38% presentó estrés percibido en los períodos evaluados. Antes de la pandemia, la inseguridad alimentaria se asoció con una prevalencia 29% mayor de estrés percibido. Durante la pandemia, esa asociación específica no apareció, recordándonos que las relaciones sociales y fisiológicas cambian según el contexto y no deben convertirse en leyes universales.
Otro estudio brasileño, realizado en Ouro Preto y Mariana, encontró una asociación consistente entre inseguridad alimentaria y síntomas de ansiedad y depresión durante la pandemia. La intensidad de los síntomas aumentaba junto con la gravedad de la inseguridad alimentaria.
La supervivencia material, por lo tanto, no ocurre fuera de la mente.
Forma parte del Cuerpo-Territorio.
El territorio también llega al cerebro
Este punto se vuelve todavía más importante cuando abandonamos el intento de encontrar una única variable responsable del sufrimiento.
En 2025, investigadores evaluaron a 2.211 personas de seis países latinoamericanos utilizando el concepto de exposoma social: en lugar de preguntar solamente por los ingresos actuales, combinaron educación, inseguridad alimentaria, recursos financieros, acceso a la salud, experiencias infantiles, eventos traumáticos y otras condiciones acumuladas a lo largo de la vida.
Entre los participantes sin demencia, los exposomas sociales más adversos se asociaron con un peor desempeño cognitivo. Entre los factores particularmente importantes aparecieron la inseguridad alimentaria, los recursos financieros, la percepción de la posición socioeconómica y el acceso a los servicios de salud. En los grupos con demencia también aparecieron asociaciones con alteraciones estructurales y de conectividad cerebral.
En 2026, otra investigación que involucró a 3.941 participantes de seis países latinoamericanos encontró que las vulnerabilidades sociales acumuladas estaban relacionadas con diferentes dimensiones de la salud cerebral. Entre los participantes cognitivamente preservados, las asociaciones aparecieron especialmente en memoria y funciones ejecutivas.
Estos estudios no dicen:
la pobreza causa un cerebro inferior.
Esa interpretación sería científicamente débil y socialmente peligrosa.
Sugieren algo mucho más interesante:
Para comprender un cerebro también necesitamos saber en qué ecología ese Cuerpo-Territorio tuvo que aprender a vivir.
Una decisión que parece irracional puede ser racional en ese territorio
Imaginemos dos personas.
Una tiene reservas financieras suficientes para sobrevivir dos años sin ingresos.
La otra tiene dinero para tres días.
A ambas les ofrecemos:
R$ 500 ahora
o
R$ 650 dentro de dos meses.
Si eligen de manera diferente, podríamos interpretar rápidamente:
“una tiene mayor autocontrol”.
Tal vez.
Pero existe otra posibilidad.
Para una de ellas, esperar es una decisión abstracta sobre rentabilidad.
Para la otra, esperar puede significar:
no comprar comida;
no pagar la electricidad;
no comprar un medicamento;
acumular intereses.
En ese caso, la variable no está solamente “dentro del cerebro”.
La situación económica cambió el valor real de las alternativas.
Esta distinción importa para la Neurociencia y también importa enormemente para la Política.
Cuando observamos decisiones sin observar el territorio, podemos llamar deficiencia a algo que, dentro de ese ambiente, puede ser una adaptación.
El Cuerpo-Territorio no termina en la piel
Aquí utilizamos Cuerpo-Territorio como una ventana de investigación.
Una persona no llega a un experimento llevando solamente su cerebro.
Llega con:
sueño;
alimentación;
deudas;
historia;
lengua;
trabajo;
hijos;
miedo;
pertenencia;
expectativas;
experiencias de violencia o seguridad;
las posibilidades que tuvo;
las posibilidades que nunca tuvo.
Por eso la Neurociencia Decolonial no debería significar solamente colocar más latinoamericanos dentro de experimentos diseñados en otros lugares.
También necesitamos preguntar:
¿Qué variables latinoamericanas todavía no han entrado en la pregunta científica?
La propia investigación sobre estrés laboral muestra cuántas lagunas regionales siguen existiendo. Una revisión de 2025 sobre profesionales de la salud en América Latina encontró una enorme heterogeneidad entre los estudios y prevalencias de burnout entre 13,2% y 70,3%, además de señalar cuánto del conocimiento regional sigue concentrado en determinadas profesiones y formas de medición.
Tal vez necesitemos preguntar menos solamente:
¿Quién soporta mejor el trabajo?
y también preguntar:
¿Qué tipo de trabajo estamos pidiendo que este cuerpo soporte?
Ciencia: ¿cómo hacerlo?
En el lenguaje BrainLatam:
Ciencia → Hacer → Ejecutivo.
La ciencia necesita transformar la pregunta en algo que pueda estar equivocado.
Podríamos acompañar a niños de diferentes territorios desde sus primeros años y medir, a lo largo del tiempo:
seguridad alimentaria;
previsibilidad de ingresos;
deuda familiar;
calidad del sueño;
respiración;
HRV;
cortisol;
actividad física;
desempeño en tareas de atención y funciones ejecutivas;
EEG;
fNIRS;
relaciones familiares;
percepción de seguridad;
tiempo disponible para jugar, aprender, crear o simplemente no hacer nada.
No para encontrar el “cerebro de la pobreza”.
Sino para probar:
¿Qué vías conectan la seguridad o inseguridad material con el desarrollo y la experiencia?
Y, sobre todo:
¿Cuáles de esas vías son modificables?
Política: ¿qué juzgamos aceptable?
BrainLatam utiliza otra analogía:
Política → Opinar / Juzgar.
Después de la evidencia llega una decisión que la ciencia, por sí sola, no puede tomar.
Aunque demostremos que la inseguridad material afecta la salud, la atención o el desarrollo, todavía tendremos que decidir:
¿Qué nivel de inseguridad consideramos aceptable para un niño?
Esa no es una pregunta neurocientífica.
Es política.
La población necesita opinar.
El Estado necesita decidir.
Y diferentes modelos pueden ponerse a prueba.
América Latina ya ofrece grandes experimentos sociales.
En 2022, un estudio cuasiexperimental basado en la Cohorte de 100 Millones de Brasileños encontró tasas de suicidio menores entre beneficiarios de Bolsa Família que entre no beneficiarios comparables. El estudio no demuestra que una transferencia monetaria aislada “prevenga el suicidio” y posee limitaciones observacionales, pero ofrece evidencia importante de que las políticas económicas pueden producir consecuencias mensurables en salud.
En 2024, otro estudio brasileño acompañó a 69.901 personas previamente hospitalizadas por trastornos psiquiátricos y encontró una asociación entre recibir Bolsa Família y una menor mortalidad general y por causas naturales. Para el suicidio, el resultado no alcanzó significación estadística.
Nuevamente, la respuesta científica no es un eslogan ideológico sencillo:
algunos efectos aparecen;
otros no.
¿Y si cambiáramos la variable desde el nacimiento?
Aquí entra una hipótesis BrainLatam, no una conclusión de la literatura científica.
Llamamos a esta hipótesis Drex Ciudadano + Renta Bioma.
Es necesaria una distinción importante.
El Drex actualmente desarrollado por el Banco Central de Brasil es una infraestructura financiera digital basada en activos tokenizados, programabilidad e intermediación por instituciones autorizadas. El actual Piloto Drex no corresponde al “Drex Ciudadano” propuesto aquí por BrainLatam.
Nuestra pregunta es contrafactual:
¿Qué ocurriría si cada Cuerpo-Territorio, desde el nacimiento, tuviera una base económica ciudadana previsible y si parte del valor generado por la preservación y regeneración del Bioma retornara directamente a los cuerpos y colectivos que viven en ese territorio?
No preguntamos solamente:
¿Tendrían más dinero?
Preguntamos:
¿Cambiaría la ecología de las decisiones?
Por ejemplo:
seguridad material desde la infancia
↓
¿menor imprevisibilidad?
↓
¿cambios en el estrés familiar?
↓
¿un sueño diferente?
↓
¿mayor estabilidad alimentaria?
↓
¿otra experiencia escolar?
↓
¿otra relación con el trabajo y la deuda?
↓
¿otra capacidad de planificación?
↓
¿otra relación con el riesgo?
↓
¿otras elecciones políticas?
Cada flecha necesita ser probada.
Ya existe un experimento brasileño interesante a escala municipal.
En Maricá, Río de Janeiro, investigadores evaluaron una renta básica permanente e incondicional pagada en una moneda social local. El estudio encontró un aumento del 9% en el ingreso total de los hogares y del 5% en el consumo familiar, además de cambios en la composición de los ingresos laborales.
En ese estudio no se encontraron efectos significativos sobre la depresión y algunos resultados fueron ambiguos, mostrando por qué la renta básica no debe tratarse como una solución mágica.
Es precisamente esta incertidumbre la que hace científica a la pregunta.
Religión: ¿qué podemos hacer con el espacio que aparece?
Nuestra tercera analogía es:
Religión → Trascender → Legislativo.
Aquí religión no significa necesariamente iglesia o doctrina.
Significa la capacidad de representar un estado que todavía no existe:
“Mi vida podría ser diferente.”
Cuando todo el horizonte está ocupado por:
comer;
pagar;
trabajar;
no perder;
sobrevivir,
quizá algunas posibilidades reciban menos espacio para ser representadas.
Todavía no sabemos si una renta garantizada produciría una mayor trascendencia humana.
Sería incorrecto afirmarlo.
La hipótesis BrainLatam es más cuidadosa:
Reducir una parte de la presión recurrente de la supervivencia puede aumentar la disponibilidad de tiempo y atención desde la cual diferentes Cuerpos-Territorios puedan elegir qué hacer.
Algunos pueden crear.
Otros estudiar.
Otros cuidar a sus hijos.
Otros rezar.
Otros contemplar.
Otros emprender.
Otros producir ciencia.
Otros simplemente descansar.
La trascendencia no sería el beneficio entregado por el Estado.
Sería una posibilidad que el Estado dejaría de impedir mediante la escasez extrema de tiempo, seguridad y atención.
Del cerebro al Bioma — y de regreso
Ahora podemos realizar la primera espiral BrainLatam de esta serie:
inseguridad alimentaria
→ preocupación
→ movilización fisiológica
→ atención
→ decisión
→ comportamiento
→ familia
→ trabajo
→ economía
→ política.
Y regresar:
política económica
→ ingresos
→ trabajo
→ territorio
→ alimentación
→ sueño
→ fisiología
→ cerebro.
Pero ninguna flecha es gratuita.
Necesitamos descubrir los mecanismos.
Eso es precisamente lo que transforma una visión del mundo en ciencia.
La pregunta no es cuánto puede soportar una persona pobre
Tal vez hemos pasado demasiado tiempo preguntando:
¿Cómo hacer a las personas más resistentes a la escasez?
La Neurociencia puede formular una pregunta adicional:
¿Qué ocurre cuando modificamos la propia escasez?
Y América Latina quizá sea uno de los lugares más importantes del planeta para hacer esta pregunta.
No porque nuestros Cuerpos-Territorios sean biológicamente excepcionales.
Sino porque convivimos con una extraordinaria diversidad cultural y biológica mientras desigualdad, informalidad, inseguridad alimentaria, riqueza ambiental y concentración económica coexisten en escalas impresionantes.
Quizá el experimento más interesante no sea enseñar a un cerebro a tolerar cada vez más presión.
Tal vez sea investigar qué posibilidades aparecen cuando necesita representar menos veces:
“¿Cómo voy a sobrevivir mañana?”
y puede comenzar a preguntar:
“¿Qué quiero hacer con el mañana que ahora consigo imaginar?”
Pregunta BrainLatam
¿Cuánto de aquello que llamamos elección individual cambiaría si un Cuerpo-Territorio aprendiera, desde el nacimiento, que su existencia no depende continuamente de transformar más tiempo, más territorio y más vida en dinero?
Referencias recientes con enfoque latinoamericano — posteriores a 2021
Machado DB et al. (2022). Relationship between the Bolsa Família national cash transfer programme and suicide incidence in Brazil: A quasi-experimental study. PLOS Medicine.
Food insecurity and symptoms of anxiety and depression disorder during the COVID-19 pandemic (2022). Estudio poblacional realizado en Ouro Preto y Mariana, Minas Gerais, Brasil.
Household food insecurity before and during COVID-19 pandemic and its association with perceived stress (2023). Cadernos de Saúde Pública. Estudio poblacional realizado en Criciúma, Santa Catarina, Brasil.
Bonfim C et al. (2024). Conditional cash transfers and mortality in people hospitalised with psychiatric disorders: A cohort study of the Brazilian Bolsa Família Programme. PLOS Medicine.
Balakrishnan S, Costa R, Haushofer J, Waltenberg F. (2024). Welfare Effects of a Permanent Unconditional Cash Transfer Program: Evidence from Maricá, Brazil. NBER Working Paper 33089. Debe interpretarse como working paper y no como evidencia definitiva revisada por pares.
García-Pérez L, Pino YM, Ansoleaga E. (2025). Prevalence of occupational stress-related syndromes among health care workers in Latin America from 2019 to 2023. Revista Brasileira de Medicina do Trabalho.
Migeot J et al. (2025). Social exposome and brain health outcomes of dementia across Latin America. Nature Communications. Datos de seis países latinoamericanos.
Farombi T et al. (2026). Social vulnerability shapes deep clinical phenotypes and brain health in aging and dementia across Latin America. Alzheimer's & Dementia. Estudio con 3.941 participantes de seis países latinoamericanos.
Schwarz NV, Stampini M. (2025). Landscape of Non-contributory Cash Transfers in Latin America and the Caribbean, before and after the Covid-19 pandemic. Banco Interamericano de Desarrollo.